¿Cómo vamos?
Hoy traigo un temazo.
Se llama dopamina.
Y no es lo que crees.
No es “placer”.
No es “felicidad”.
Es deseo puro y duro.
Es la gasolina que te hace
mover el trasero.
No lo que te hace disfrutar algo,
sino lo que te hace perseguirlo
como un loco.
Cuando tienes hambre,
no es el bocadillo
lo que te mueve.
Es la promesa de
ese primer mordisco.
Cuando te sientes a tope
después de tachar una tarea...
eso no es dopamina,
la dopamina ya pasó.
La tuviste cuando aún
no sabías si lo ibas a lograr.
Y fue eso lo que
te mantuvo motivado.
Es tan importante que a
las ratas de laboratorio
que les bloquearon este
neurotransmisor,
palmaron de hambre.
Literal.
Pero cuidado: si abusas de ella
(mucho scroll, likes, shopping,
un dulcito, porno, más scroll)…
Tu sistema se agota.
Tu cerebro baja el nivel
de la piscina porque
se va a desbordar.
Y eso precisamente,
te hace aún más dependiente
de ese círculo vicioso.
Pero espera que ahora viene lo bueno
(o lo malo, según se mire):
La insulina*, esa que sube
cuando comes hidratos
(esa pastita, la pizza,
los taquitos)
también tiene algo que
decir en todo esto.
¿Sabías que cuando sube
la insulina baja la dopamina
en ciertas zonas del cerebro?
*La insulina es una hormona
que abre las células para que
puedan usar la glucosa de la
comida para obtener energía (ATP).
Te lo traduzco:
Ese pico de azúcar
que te calma un rato,
te quita las ganas
de perseguir tus metas después.
La dopamina sube
cuando te ilusionas
y baja cuando
te atiborras de pan.
Así de claro.
Y aquí va otra bomba:
Cuando tomas muchos
hidratos o muchos dulces,
tu cuerpo produce mucha serotonina,
la del “todo bien, todo tranquilito”.
Los transportadores en el cerebro
que captan esa señal compiten
de forma indirecta por los
que activan la señales de motivación.
Cuando hay muchas moléculas
que mandan el mensaje
al cerebro de que te relajes,
las moléculas que mandan el mensaje
de que te pongas en acción no tienen
“buzones” donde entregar esa información.
Mal asunto.
Resultado:
Te sientes cómodo… pero inmóvil.
En calma… pero sin ganas.
Y esta dinámica de priorizar
“anestesiarte” tiene que ver
en gran medida con el vacío interno
y la insatisfacción que
sentimos por la falta de sentido
que tienen nuestras vidas.
En lugar de estar conectados
con un propósito que nos ilusione,
nuestra vida tiene falta de sentido.
Entonces no se trata de
una búsqueda de placer
por comerte ese pastel,
se trata de ese instante
donde desconectas de ti
y dejas de sentirte
insatisfecho con tu vida.
Pero es muy diferente
sentirte bien, que la
”satisfacción” que percibes
por dejar de sentirte incómodo
o insatisfecho, aunque se parecen
mucho a nivel bioquímico.
¿La diferencia?
Que cuando eres feliz
la sensación es más sutil
pero constante,
y no depende de nada externo.
Y si estás en ese bucle,
no es tu culpa,
vivimos en una sociedad enferma
a la que te has tenido que adaptar.
Hemos confundido
chutes de placer
con felicidad.
Y así se va apagando
la motivación.
No porque estés roto
o seas un vago.
Sino porque nadie
te enseñó todo esto.
Nuestra promesa es que
hay una salida,
para sentirte pletórico,
para crear la vida que quieres,
paso a paso.
No es magia,
es en gran medida bioquímica
y crear los hábitos físicos
y emocionales adecuados.
En esa delicada relación
entre serotonina y dopamina,
está gran parte de la
fórmula de la felicidad.
Porque tú no viniste al mundo
a quedarte sentado.
Viniste a crear,
a moverte,
a cumplir tus sueños.
Y si sabes cómo funciona
esta relación entre la dopamina
y la insulina, puedes aprender
a gestionarla.
Y volver a tener
ese fuego dentro.
Sin necesidad de que
te lo prenda un algoritmo
o un atracón.
No necesitas más fuerza de voluntad.
Necesitas buena voluntad.
Solo deja de bloquear tu dopamina.
Y eso empieza en el plato.
Y sigue en tu cerebro.
Y si lo quieres dopamina
en cápsulas, pincha aquí
para ver nuestra fórmula.
Nos vemos por aquí.
Javier A. Martín Ramos
CEO // Autor // Mindset Advisor
(Y afinador de mentes)





