👋!
El Rey Salomón,
un tipo con más poder que
una licuadora en un karaoke,
mandó llamar a uno de sus sabios.
Le dijo:
—Dame una frase,
un amuleto, una señal… algo
que me quite la tontería
cuando me crea Dios,
y que me levante el ánimo
cuando me sienta como un gusano.
Vamos, lo que tú y yo necesitamos
cuando nos creemos los pinches amos
o cuando estamos más rotos
que una promesa electoral.
El sabio se rascó la barba,
desapareció un rato,
y volvió con un anillo.
Feo como una resaca.
Pero con una frase
más clara que un
“no eres tú, soy yo”:
“Esto también pasará”.
Y ahí estaba el truco.
Cuando Salomón se sentía imparable,
leía el anillo… y le bajaba el subidón.
Cuando se sentía una cucaracha
bajo la lluvia, leía el anillo…
y respiraba hondo.
Porque todo pasa.
Lo bueno. Lo malo.
Lo que crees eterno.
No sé si te ha pasado,
pero cuando pillo una gripe,
siento que va a durar para siempre.
Es una mentira disfrazada
de una sensación muy real.
Y no creo que solo pase
cuando estoy enfermo.
Esto no va de pensamiento positivo barato.
Va de recordarte que:
ni los éxitos son para siempre,
ni los fracasos son el final.
Querer que en la vida
te vaya siempre todo a mejor,
es simplemente una locura.
No es real.
Wishful thinking como dicen los yankees.
Así que ya sabes.
No te enamores del éxito.
Ni te cases con la tristeza.
Solo sigue.
Porque el juego aún no ha terminado.
Y si quieres compañía
en lo bueno y en lo mano.
Mañana más y mejor.
Javier A. Martín Ramos
CEO // Autor // Mindset Advisor
(Y experto en vivir como un Rey)
P.D. Hay otra historia buenísima que
no puedo evitar contarte. Rapidísimo.
Resulta que un día, Dios
—sí, el Todopoderoso — le dice a Salo:
“Pídeme lo que quieras.”
Y él, que tenía más luces
que un árbol en Navidad,
no pidió castillos, ni likes,
ni poder infinito.
Pidió sabiduría.
Así. Sin pensarlo
ni consultar al cuñado.
Y eso, según cuenta la leyenda,
agradó a Dios.
Tanto, que le dio eso…
y todo lo demás también.
De ahí lo de considerarlo un Gran Sabio.
No por soltar frases
de libro de autoayuda,
sino porque sabía elegir
bien cuando importaba.
Porque hay gente que ha leído cien libros
y no se entera de nada.
Y otros que no abren la boca,
pero cuando lo hacen,
te dejan pensando tres días.
El movimiento se demuestra andando
y el ejemplo es el mejor de los predicadores.
👉 Para caminar en compañía.
Todo lo demás es postureo.
Y de eso, el mundo va sobrado.
PDD: Y yo el primero!





